Frota enérgicamente tus palmas una contra la otra durante unos segundos, hasta que estén bien calientes.
Colócalas después delicadamente en forma de cuenco sobre tus ojos cerrados, sin presionar y deja que el calor se difunda en los globos oculares hasta que se disipe naturalmente.
Repite la operación 3 veces seguidas. El calor debe sentirse claramente en los ojos: si no es así, frota más antes de colocar las manos.
Este gesto simple transmite directamente la energía vital de las manos hacia los ojos, mejorando su irrigación y su agudeza.
En Dien Chan, la zona ocular corresponde a las gónadas: este masaje actúa también en los ovarios y los testículos, reforzando la vitalidad hormonal global.